VIVENCIAS- María José Turi

04.06.2020

EUTANASIA 


Por: María José Turi 

Nuestros últimos días fueron dulces, tristes, caóticos, únicos, melancólicos y difíciles. Cada día me repetía: "debes dejarlo ir", mientras la casa se llenaba de medicamentos, horarios de inyecciones, sueros, visitas al hospital y lágrimas.

Nos estábamos despidiendo, mientras te mentía de la forma más cruel, cuando decía que estaría bien sin ti y que podías irte ¡Perdón por hacerlo!

La muerte me hizo estar consciente del amor profundo que te tuve, tengo y tendré.

Llegaste cuando aún nuestra vida gritaba perfección y un poco de dolor; te fuiste antes de que otro año a tu lado finalizara.

Amor verdadero, ese que es capaz de romper todas las barreras más no vencer los miedos.

Aún siento en casa tu presencia, pero es que alguien me dijo: "no se muere quien se va, se muere quien se olvida" y desde ahí entendí que mientras tenga vida, seguirás visitando este lugar que fue tu hogar.

Yo no volveré a sentir la emoción que sentía con tus besos, nadie podrá decirme que estoy bonita usando algo, de la manera en que lo hacías tú.

¡Vaya amor! este tan profundo que nació sin pensarlo.

¡Vaya dolor tan inmenso! que me causo verte partir.

"Pueden despedirse", dijo el doctor antes de la eutanasia.

Como si estuviéramos preparados para dar el último adiós a lo que nos daba tanta vida. Admito que aún lloro porque no estás para darme los buenos días, pero es que los buenos días me hacen falta desde que acepté que ya no estarías.

Dulce muerte, caótica vida, preámbulo de tanatos, ¿Cómo aceptar que este es nuestro destino y que entre más te pienso, más vives y que entre más vives, más cerca estás de la muerte?