VIVENCIA- Kevin Osorto

11.06.2020

MARCELA


Por: Kevin Osorto 


Quiero que sepas que hoy me detuve apreciar una hormiga, ella correteaba el tallo de una planta sin nombre. Lo admito, sin nombre para mí, más de algún botánico sabe con franqueza la especie, aún sin mencionar detalles. Entonces, como te iba diciendo, aquel insecto surcaba las llanuras de un vegetal, lo hacía sin pretensiones de grandeza, seguía a su paso, sumando instantes. Mientras sus antenas se movían, mis ojos dilataban.

Perseguí las patitas de ese ser... peculiar; mi completa atención se consagró a su aventura. Fui una inmensa pared sin que lo notara, tal vez ni la sombra es algo relevante para sus sentidos. Luego me percaté de cierta tensión, un tanto de calor, olas de frescura: parecía llover, porque vi nubes con forma de islas, almohadas y milagros (se parecen a las esperanzas, pero más achatadas en el centro).

La casita de aves que hice con mi padre sigue deshabitada, seguiré tus consejos y pondré alpiste en su interior, algún día, supongo. Por ahora, ordeno este pensamiento recurrente que de sobra me domina.

Sigue por ahí, ella continúa sin saber a dónde ir, tan solo quiere encontrar placeres distintos, e incide encima de las ondulaciones del... ¡flamboyán! ¡Así se llama! te lo digo sin temor, leí acerca de ese árbol anteayer, mientras charlábamos sobre el encuentro de dos astros y me narrabas la desesperación que te causa el ocaso en Saturno. Sospecho que no presté atención, tal vez ni yo tomé en cuenta los signos de puntuación al hablar, es decir, escuchar.

Luego, pensé en ti, en mí, en el egoísmo de nosotros, y el prístino sentido de sobrevivencia dio paso a las últimas palabras:

"Es un insecto

Bajo rojo floreal;

Sin saber, lo es."