Por: Beatriz  Galeano 

07.07.2020

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La felicidad es como una mariposa: bella y libre, pero difícil de atrapar. No hay que saber cómo es para anhelarla, tampoco tenerla primero para extrañarla.

Mentiría al decir que carezco de felicidad, pero por los momentos la anhelo y extraño; la atrapo con mi red entomológica, sin embargo, la felicidad con su delicadeza tiende a destruir mi red haciendo de un juego el intento por alcanzarla de nuevo.

A veces quisiera que alguien me ayude a raptarla, secuestrarla y mantenerla en un sótano por el resto de mis años, en esta vida llena de materialismo y egoísmo.

Ven, y seamos.

Seamos y que otros también sean lo que tienen que ser, porque por algo se nos ha otorgado la vida. Tenemos suerte que la red entomológica no sólo atrape mariposas, sino otra clase de insectos que se hacen pasar por mis sentimientos.

A veces quisiera que la misma persona por quien hago metamorfosis para convertirme en su felicidad personalizada, hiciera lo mismo por mi.

Pero ven, y seamos.

Si no somos el uno para el otro, lo seremos para alguien más.

Sino fuimos para ser de ambos, fuimos para ser de otros que son para nosotros.

Vuela y conviertete en la felicidad misma. Pinta tus alas como quieras, pues la felicidad tiene un miligramo de ignorancia y fue creada por alguien a quien todo le importa una mierda. 

Sal de tu capullo y estira esas alas, que nadie más lo hará por ti; y así como las mariposas, dedicate a la vida con elegancia.

Y mientras te dedicas a ser sofisticado, yo me esfuerzo en inspirarme para lograr escribir algo que me agrade; si mi esfuerzo resulta, lograré atrapar a una mariposa con mi red entomológica. Ojalá mi red sea lo suficientemente resistente para atrapar a otro bicho llamado autoestima.

Por: Beatriz Galeano