MILAGRO EN LAS ALTURAS- Irma Martínez

23.02.2021

Ganadores del concurso cuento corto- SAU


La situación por sí sola era increíble, se esperaba lo peor desde que el Dreamliner 787 había perdido contacto con la torre de control, por lo que alrededor de las nueve de la mañana, una hora y media después del despegue desde Madrid de la aeronave, fueran mandados unos pequeños aviones caza para monitorear la incertidumbre que generaba lo que estaba pasando en las alturas. Ya se tenían hipótesis, alguna falla mecánica en la infraestructura, un percance médico a los pilotos ¿Y por qué no? La idea del secuestro del avión era más que una pequeña posibilidad, pero lo que se miraba a través de aquellas diminutas ventanas era diferente.

En efecto, el avión carecía de movimiento humano dentro de él, no porque no existiera, era un ambiente... dormido. Los que miraban al exterior estaban estupefactos al ver cómo en cada fila de asientos se encontraban decenas de personas recostadas sin ninguna muestra de pánico, al contrario, la paz que se transmitía en sus facciones era desconcertante porque ¿Quién se dejaría llevar por un plácido sueño en un momento como ese? El alboroto general hubiera tenido más sentido; las mascarillas de oxígeno se encontraban desplegadas sobre las cabezas de los pasajeros, a algunos todavía les cubría la boca por lo que se supuso que ya llevaba un tiempo desde que el sistema se había activado, era evidente, todos estaban inconscientes en ese punto y queriendo evitar el peso de consciencia que implica el suponer la muerte de aquellas personas, los caza , de manera resignada, solo avanzaron un par de metros en el aire para reportar lo que ocurría en cabina.

Era algo previsto, así como los pasajeros, ambos pilotos se encontraban con sus cuerpos sobre el mando de control, ningún ruido se escuchaba a esos casi tres mil quinientos metros de altura pero el lío en las cabezas de los conscientes era más que suficiente para que el ambiente fuera pesado e insoportable, al menos esa era la sensación que recorría el cuerpo de Lázaro, encerrado por esas ventanas que rodeaban el mando de control de la aeronave, ahora eran un vil martirio, ver como esas nubes que solía mirar junto a su novia en los días calurosos de verano, donde las sonrisas y los picnics no faltaban, eran las que ahora saturaban sus ojos de manera maliciosa, pudo observar a los otros aviones a los lados de la máquina, la sorpresa de los pilotos se podía percibir aún desde donde se encontraba, no esperaban que alguien estuviera en sus completos sentidos, ni él mismo lo creía, hace más de quince minutos todos habían empezado a perder la consciencia sin poder hacer nada al respecto, supuso que su pasatiempo de bucear había ayudado con eso; el dolor que le provocó ver cómo su amada cerraba sus ojos y borraba la sonrisa que hacía resaltar sus pómulos solo lo motivó a un actuar rápido y desesperado; algo no iba bien desde el principio, sus instintos se lo confirmaron al escuchar la alarma, confundido porque el personal no hacía nada más que acatar el protocolo acerca de la correcta utilización de las mascarillas, ninguna advertencia, ningún anuncio desde cabina ¿Por qué?

Ni siquiera la dulce voz de su pareja era suficiente para acallar lo que en su cabeza no dejaba de molestar, aun cuando insistía en que estaba paranoico, que la experiencia de María como azafata debía ser suficiente para esa sed de respuestas, pero también su propios conocimientos de aviación ponían en tela de juicio todo la información que estaba recibiendo, por lo que al encontrarse totalmente solo, caminando desesperado al camarote principal mientras maldecía en susurros perdidos en el aire, mantuvo su cabeza fría, tenía que ver cuál era el problema y cómo podría solucionarlo en la brevedad posible.

"Se reporta que hoy, a las diez y media del día, un avión de las Aerolíneas Volotea, presentó un percance que hizo que los casi 500 pasajeros a bordo del vuelo que salía de Madrid con rumbo a Marruecos, perdieran la consciencia mientras la aeronave se mantenía volando, según las declaraciones brindadas por la compañía, el problema se dio por un error del personal de mantenimiento, provocando que la presurización del avión se encontrara en el modo manual, cuando se supone que debería estar en automático, esto provocó que, al ganar altura, la presión dentro de la cabina fuera demasiado y al no tener oxígeno, cada una de las personas dentro fueran gradualmente desmayándose, hasta los propios pilotos cuyos años de experiencia no pudieron evitar tan desafortunado hecho, pero a pesar de eso, un hombre, que se reconoció como Lázaro González, procedente de Madrid, fue capaz de aguantar a dichas condiciones, por lo que fue visto en cabina intentando mandar señales de ayuda..."

Intentó reportarse con la oficina en tierra, sería difícil, no conocía ese modelo ya que nunca lo había piloteado, pero la exasperación lo estaba consumiendo vivo, tanto que confundía a la cordura que parecía a punto de agotarse, e hizo lo que pudo con sus conocimientos básicos. Tener gente observando desde afuera no era tan reconfortante como quisiera, sabía muy bien que no le podrían ayudar, no fueron enviados para eso, lo entendía, pero ¡Oh, Dios! como desearía que todo ese peso no estuviera solo en sus hombros. Nunca pensó ver su vida pasar por sus ojos, pero es lo que realmente ocurría ahora que la esperanza lo había abandonado, sus ojos humedecidos por las lágrimas que corrían con fuerza por sus mejillas, llenas de impotencia llegaban a morir al suelo alfombrado del cuarto, había planeado tantas cosas, tenía una mujer a la cual amaba, con la que había soñado tener una familia, amigos que lo esperaban al pisar tierra firme, y sería egoísta no pensar en cómo unos tantos estaban en ese avión pasando por lo mismo sin tener la oportunidad de darse cuenta de ello, al final si había una posibilidad de salvarse recaía en él, por irónico que pareciera, su propio destino estaba en sus manos, mala jugarreta de Dios.

El azul brillante le irritaba, no podía creer que iba a morir frente a algo tan pacifico, pero esa distracción sirvió para sacarlo del trance en el que se había metido, su cerebro estaba cansado, tanto como él sentía sus músculos exhaustos, el no estar recibiendo ninguna señal no le ayudaba a calmar sus nervios, y a pesar que ponía todo de sí para que el avión aterrizara de inmediato, solo lo sentía subir y subir, ni siquiera sabía dónde estaban, toda la situación le hizo desconectarse de su propia realidad, no sabía qué hora era, qué día, porque estaba ahí, ni siquiera quien era, aun así sus manos se movían solas, inquietas por un resultado positivo; su cara ardía, y el nudo en su garganta se hacía más grande, deseaba haberse sofocado como todos, parece un deseo cruel pero era preferible a ese infierno de incertidumbre de donde no podía retornar, caía en un lugar profundo donde se sentía desfallecer a pesar de estar vivo, cerró los ojos...¿este iba a ser su final? Lo esperó, hubo silencio y todo era oscuro por un segundo que pareció eterno, hasta que escuchó ese "Hola,

¿hay alguien capaz de responderme en la unidad?", sonrió... habían respondido... el umbral de la esperanza se abrió ante él como una vívida luz.

"... aunque se supo que estas no lograron llegar, el avión terminó estrellándose con una montaña en la ciudad de Meknes, Marruecos, la causa del fatídico accidente fue el agote del combustible causado por un escape de este por medio uno de los tanques, se cree que fue debido a una incorrecta colocación de las válvulas del combustible. Debido a la fuerza del impacto, no hubo sobrevivientes. Una fatídica noticia sin duda."

Solo pudo sentir cómo esa presión era quitada de sí, pudo respirar sin que sintiera que se le oprimía el pecho, sus lágrimas se habían secado y su cuerpo dejó de doler. Lo había logrado.