ME PRESENTO, SOY EL GRINCH- María José Turi

16.12.2020

Diciembre huele a felicidad, dulces, nostalgia y todo se ilumina.

Diciembre parece tener tanta energía , esperanza y magia, que es capaz de aplacar el dolor y la angustia .

Ven y súbete al tren de los recuerdos de diciembre, acumulados durante 22 años. Debes saber que mi memoria no ha recolectado tantos como quisiera; escribir esto conlleva un reto, ya debes imaginarte que soy la chica más antipática y gruñona en estas fechas.

Semanas antes de que llegase diciembre, mamá nos hacía escribir cartas de navidad, nos sentábamos en el comedor, nos daba papel y colores, siempre preguntaba cómo es que Santa podía saber lo que pedía, porque obviamente no sabía escribir y solo hacia garabatos, ella solo decía: Santa sabe leer todo.

Nunca hice una carta pidiendo muchas cosas, nacemos con esa necesidad insaciable de creer en algo, bueno yo creía ciegamente en que después de las doce venia Santa y me dejaba justo lo que pedía bajo el árbol. Mamá en una de esas noches, nos dijo "ya vamos a dormir, que Santa no puede llegar porque ustedes no duermen". A las horas despertamos mi hermana y yo, ya nuestros regalos estaban en el árbol.

Una de esas noches buenas la pase con mi familia paterna; debo admitir fue una noche espectacular, mi familia es de un pueblo, así que era la primera navidad fuera de la cuidad, esa vez corrimos por toda la cuadra con mis primos, mi hermana y yo nunca habíamos reventado cohetes así que experimentamos poniendo cohetes bajo una lata y nos sentábamos hasta que explotaran, cuando llegamos y le contamos a mamá aquel suceso, casi le da un infarto; nunca más he vuelto reventar alguno.

He estado rodeada de mi familia materna, ya saben, casa llena, primos corriendo por ahí, los adultos hablando, cocinando, los villancicos sonando de fondo, el árbol lleno de luces y como nunca puede faltar el platillo estrella: La Lasaña de mi tía.

Esos abrazos apretados y las luces artificiales adornando el cielo cada navidad y año nuevo, ese olor a pólvora que hace que tengamos alergia, pero sobre todo las risas y la dicha de estar juntos.

Tenemos una tradición familiar, todos los 25 de diciembre nos reunimos en la casa de mis bisabuelos todas las generaciones y ese día abrazamos a esa familia que solo vemos una vez al año; llevamos comida, hacemos juegos, contamos anécdotas, celebramos triunfos. Puedo decir que es de mis días favoritos del año.

Desde hace unos cuantos años tengo a la persona más apasionada por la navidad en mi vida; a veces deseo su espíritu navideño. Disfruto diciembre en su casa; es como entrar a la casa de Santa.

Mi último diciembre fue algo distinto; estaba en ese pueblo mágico del noroocidente del país, todo alumbrado, el espíritu navideño realmente habitaba allí, y viví mi primera posada. El sentimiento que experimenté es algo que no puedo describir. Muchas personas cantando villancicos en una misma casa, la comida hecha en horno, el maíz en el molino, el brindis de la cena, ir a misa todos juntos como una familia, los tamales en la madrugada y la charla con amigas.

En año nuevo hago la lista de metas y como las doce uvas; el año pasado mi única meta en la lista fue ser feliz, y no me comí la uva que iba en nombre del amor.

No creas que me encanta diciembre o que me vuelvo loca en estas fecha, por ratos me vuelvo distante y me quiero meter a mi cueva así como ese personaje clásico de El Grinch.

No es un recorrido largo, pero mis lagunas mentales cada vez son mayores, gracias por acompañarme en este viaje, corto, pero te aseguro que recordar fue calentar el alma en estos días tan fríos.

Por: María José Turi