El SONIDO DE SUS LLAVES- Katerine Valderramos

19.03.2021

Siete de la noche, escuchaba el sonido del motor de su carro, un Nissan Datsun color blanco de los ochenta apodado, "El Palomo" bajaba por una pendiente sonando su bocina para que abriéramos el garaje de la casa.

Mi hermano y yo gritábamos "es mi papi" nos emocionábamos y corríamos a escondernos por la casa, mientras mi mamá abría el portón. Yo, normalmente me metía debajo de la cama y mi hermano entre los brazos de los muebles; escuchábamos sus pasos y el sonido de sus llaves y se nos aceleraba el corazón.

No lo miraba, pero imaginaba que colocaba su maletín negro de cuero en una de las sillas del comedor y enseguida iba a buscarnos, tratábamos de hacer el menor ruido para que no nos descubriera, lo divertido era que todos los días nos escondíamos en los mismos lugares (risa).

Era una explosión de emociones y risas cuando luego de fingir que no nos lograba encontrar, nos sacaba a cosquillas de los rincones de nuestra casa; una casa de madera de 6x9 que estaba dividida internamente con roperos y forrada con banners publicitarios para que el sereno no entrará en ella.

Mirábamos Timón y Pumba o la incansable Rey León en un VHS,  nos reíamos de las travesuras de los inseparables amigos y llorábamos en la misma escena en la que todos hasta el sol de hoy seguimos lamentando. La traición del tío Scar. 

Ahora han pasado más de veinte años desde aquellos momento inolvidables de nuestra niñez; muchas cosas han cambiado, yo me mudé y me casé, mi hermano ha crecido tanto que ahora tiene barba y diseña casas, mamá se ha vuelto más hermosa, ya grita menos y no nos regaña por dejar la cebolla y el chile dulce en el plato.

Papá, él sigue siendo el mismo, usa siempre un malentín negro de cuero para trabajar, "el palomo" lo cambió hace muchos años, pero siempre suena las llaves cuando va camino a casa. Ya no nos escondemos, ya no gritamos "es mi papi" pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que tarde o temprano vuelve a casa, esa es la esperanza. 

Los días se han vuelto más ocupados para mi, despierto temprano y me duermo tarde, trabajo más de 13 horas al día, pero siempre pienso en papá, a veces quisiera correr y escoderme debajo de la cama cuando veo caer la noche; pero se que esos tiempos ya terminaron, los he sustituido por largas conversaciones sobre negocios, sobre cómo deseo que pase su vejez, hablamos de las fechas en las que volveré a visitarlos y los lugares que conoceremos cuando volvamos a estar juntos.

Lo amo y lo extraño; lo admiro mucho y si la vida nos regala más años siempre volveré a casa, miraremos películas y tomaremos café juntos, porque los años pasan pero papá siempre será papá.

¡Feliz Día del Padre Hondureño!