EL SENTIDO DE MI NAVIDAD- Corina Minero

08.12.2020

Viajar a mi infancia y recordar los días de navidad es interesante, pues para mí, la época iniciaba el uno de noviembre, justo al terminar mi jornada en la escuela. Celebraba la llegada de los "vientos navideños" provocados por el cambio de clima, el calor se alejaba y predominaba el aire fresco que también me permitía elevar un papelote, en compañía de mis amigos. En navidad también celebro a Jesús.

En mi ilusión, el frío que hacía era como la nieve, pues anunciaba la navidad. Desde temprano tomaba los implementos de limpieza y con ayuda de mi mamá limpiábamos la casa para prepararnos y desempolvar el árbol de navidad, limpiar las pelotitas de colores; desenredar la extensión de foquitos coloridos era todo un desafío (y lo sigue siendo ja, ja, ja).

También, abríamos una caja que contenía un pequeño nacimiento que pertenecía a mi abuela, quien lo trajo de Choluteca, su ciudad natal. Era un niño Jesús de barro, pero estaba "costurado" pues lo dejé caer, se quebró y yo "lo arreglé" con masking-tape, en mi inocencia creí que quedaría igual; disfrutábamos verlo debajo del mediano árbol que ya estaba listo. La noche llegaba y se apagaba la luz del techo, sólo existía la atención para los foquitos que parecían cantar "Feliz Navidad..." del famoso y memorable José Feliciano.

Un día antes de llegar el día de nochebuena, preparaba mi ropa desde tempranas horas y emocionada ayudaba a mi madre a cocinar mi postre favorito de navidad, ¡El ayote en miel! ¿Les parece delicioso? Para mí es imprescindible en la mesa durante las fiestas decembrinas.

En el día de navidad, cocinaba junto a mi madre el tradicional pollo, la ensalada de papas y el arroz a la jardinera, con vegetales que disfrutaba cortar en la sala mientras en la televisión estaba la película más famosa en navidad, sí, ya se imaginan cual, y con bombos y platillos en mi mente, les digo que es 'Mi pobre angelito'.

Sólo escuchaba las risas de mi madre al ver las ocurrencias de 'Kevin McCallister', no era la primera vez que la veíamos, pero cada vez era diferente, había más emoción y sin saber también cada vez se volvería el tiempo más corto para disfrutar una navidad con mi familia completa.

Mi padre, él no era amante de la navidad, al contrario, los recuerdos que esta le ocasionaba no eran gratos, sólo se dormía temprano, como un día normal y él era el encargado de decir que no saliera a la calle mientras explotaban lo cohetes, pues podía sufrir un accidente.

Disfrutábamos comer, abrazarnos y ver películas en la sala, mientras en la calle aún seguía el ruido de cohetes que indicaban la llegada de la nochebuena; eran las 12 de la noche, y yo aprovechaba a decir: "¡Feliz navidad!" A todos, incluso a Polly, mi loro, quien un poco dormido me lanzaba un beso como respuesta.

Jesús y la navidad

Recibir con emoción la navidad también me hacía imaginar al salvador del mundo en un pesebre, lleno de carencias, pero con la bendición de su padre en los cielos, como muchos nos encontramos justo ahora.

Celebrar su vida me daba felicidad, pues en mi iglesia era parte del grupo que preparaba un drama donde se representaría su vida, a veces me tocaba ser 'María', su madre; también era parte del pueblo que le conoció en la antigua ciudad de Belén, cuna de su nacimiento; en otras ocasiones solo admiraba desde la congregación cada segundo de la actuación, imaginando la realidad de hace miles de años atrás.

Cuando llegué a la adolescencia, inicié a participar en coros navideños, esos que entonan como si fuese el fin del mundo y sea lo último que harás (ja, ja, ja), pero no soy la mejor cantante, eh, sólo por gratitud y amor a la época lo hacía, y lo que significa esta temporada para mí.

Navidad actual

Hoy, muchas de esas actividades se repiten, pero ya no es igual. La cena de nochebuena es diferente, hay espacios en la mesa; la dueña del nacimiento, mi abuela, se fue desde 2014, y sólo quedó el recuerdo; mi mamá, la que reía con McCallister, se despidió de mí en 2018 y hoy sólo conectamos el arbolito con el corazón, ella desde el cielo me ayuda, estoy segura.

Mi padre ya no me dice que tengo que cuidarme de los cohetes, él se fue en 2019, solo escucho en mi mente sus palabras y evito salir a las 12 de la noche a la calle, puede enviarme un mensaje con el viento y regañarme desde el cielo.

A pesar de que no es igual, la época sigue llegando y también sigue cautivando mi corazón. Sólo recuerdo mi niñez, pongo a Feliciano, enciendo el arbolito pequeño que hoy me acompaña y espero que sea media noche para ver el cielo y decir a mi familia que la tradición sigue latente, el amor por Jesús y su nacimiento me cautiva cada vez más y sólo espero enseñar a mi descendencia lo que hoy ustedes leen.

¡Felices fiestas! Y que Jesús nazca y reine en sus corazones. Él es el sentido de mi navidad. 

Por: Corina Minero