El REINO DE LA LIBERTAD

01.09.2020

Alguna vez, hace mucho tiempo, este país fue un reino, un hermoso lugar donde vivir, rodeado de castillos, y lleno de ciudadanos nobles. Las niñas eran princesas y los niños príncipes; no vivían en los castillos, pero iban a ellos de lunes a viernes, y allí, podían jugar, imaginar mundos nuevos, y sobre todo soñar. Estos eran "Los Castillos de los sueños".

Pero los niños pronto dejan de ser niños, y cuando crecen también dejan de ser príncipes, para convertirse en algo más importante: en los ciudadanos nobles, los que hacen que todo en el reino funcione como debe.

En el reino, había solo una reina, que sería por siempre la reina, "La Verdad", eterna y bella, no era una niña, sino una mujer de carácter justo e íntegro, tan hermosa que no le pertenecía a nadie, tan valiente que su sola presencia incomodaba a aquellos que actuaban con malas intenciones, y hacía sentir dolor a los hombres malos que vivían en el reino, y que, al sentirse amedrentados ante su rectitud, la detestaban, e intentarían asesinarla.

Por ello, se preparaba a las niñas y a los niños que asistían a los castillos de los sueños, para defenderla cuando fuese necesario, con sus vidas si era preciso, porque sin La Verdad, los sueños nunca se harían realidad.

¡Qué importante es cultivar los sueños en los niños! pues de sueños se construye el futuro -tal vez por eso, el nuestro es tan incierto-. Aquellos, sobre los que recae tan grande responsabilidad, debían entregar a las pequeñas princesas y a los pequeños príncipes, el arma más importante del reino para defender a la reina: el conocimiento, además de dar con amor y paciencia, la instrucción adecuada para el uso correcto de esta arma tan mortal. Esta poderosa arma, los haría convertirse en aquello que soñaron: científicos, artistas, médicos, o deportistas.

Un día el reino fue atacado por un grupo de bufones y piratas, eran seres extraños, vestían de traje y corbata, a veces usaban sombrero, y solían ser diplomáticos. Tenían hambre de poder. Buscaban instaurar una dictadura que se fundamentara en la ignorancia de los ciudadanos, por eso, intentaban cerrar los castillos de los sueños. ¡Mentían! Manipulaban a los heraldos mediante sobornos y amenazas, y así fingían ser buenos para acercarse a las cúpulas desde donde se tomaban las decisiones del reino, y una vez que estuvieron allí, se robaron la magia, secuestraron a la reina, y formaron un ejército de zombis, para acallar a todo aquel que se atreviera a levantarse en su contra.

Violentaron los derechos de los campesinos, robándoles sus tierras, e hicieron un mal uso de todos los recursos del reino, construyendo palacios para ellos, lugares donde refugiarse de la culpa -como si fuese posible esconderse de la consciencia-, protegidos por sus zombis a todas horas, contaminaron los ríos de aguas cristalinas y quemaron los verdes y profundos bosques donde tanta vida se escondía. También intentaron, pero no pudieron, ni podrán censurar el arte. No les importa cuántas vidas se lleven por delante, con tal de enriquecerse más cada año, y seguir en el poder.

Ante tales cosas, los ciudadanos poco a poco, perdieron el juicio. Algunos se volvieron ciegos, y viven en la indiferencia, otros se convirtieron en títeres, aceptaron las mentiras de los bufones y se volvieron parte de su circo; hay quienesintentan escapar del reino, creen que La Verdad puede estar en otra parte. Unos pocos se volvieron mártires, lucharon por defender La Verdad, hoy sirven de ejemplo, gracias Bertha, Jeannette, Eduardo, Antonio Bernárdez.

Los jóvenes olvidaron lo que querían ser de niños, y ahora los niños crecen sin sueños, ante la necesidad de sobrevivir, pero unos pocos saben, que deben buscar un sueño y perseguirlo, porque la reina está esperando a ser rescatada; porque los zombis no son más fuertes que los hombres buenos, y la mejor forma de luchar en contra de los bufones, que hasta el día de hoy nos gobiernan, es combatiendo la ignorancia, dándole alas y al mismo tiempo raíces, a nuestros pequeños príncipes y princesas, acercándolos al conocimiento, para restaurar la paz en este reino.

El futuro depende de los sueños. 

Por: Fernando Pavón