POESIA- Kevin Osorto

18.05.2020

EL CREADOR


Por: kevin Osorto 

Una vez mi padre escribió un poema, donde al reverso, con letra tartamuda, decía "una persona que no conoce sus límites tiende a romperse, así como un niño que corre y más tarde se agota o alguien que ama incondicionalmente". Lo veo ridículo, su forma de expresar los sentimientos es tan amarga al hablar de finales; lo recuerdo cada tarde, al haber descansado en soledad. Las paredes del pálido bloque, el aroma petricor que acaeció ayer tristemente; mis manos frías, temblantes hasta costillas de una convulsión barroca. Veo la oscuridad, está más allá de párpados soñolientos; todo lo es e, incluso, lo mismo hace que pierda la belleza que le atribuí de infante. Por cuestiones de adaptación a una sociedad he de envolverme en ella y dar magia al eco del hipocampo...

«Allí, estaba yo, donde la pradera es abundante, suave y detallada en un verdeado floral; casi mégano de yerba y cobijando las profundidades de lo ondulado. Mi sendero se construye a puentes de paso en equivocado vaivén, de meneo por piernas en pie descalzo al colchón de hojas que se forma en llovizna mesoamericana.

Allá en el infinito, me pierdo. A mí, no mismo, sino lo que será, aquello que no supe reconocer y lo flagrante del andar entreverado. Sigo el rumbo, sin cansancio; sé que no es real, esta tranquilidad nadie la merece; ese cielo tiene un color imposible, porque es refractivo, vacío por sí mismo. Nada más que la estrella sobre mí, yo sin sombra, ¿por qué esto?

Ella, de piel blanca, cabello negro de un liso derretido a los hombros y un vestido al vino tinto. Ella se aproxima, marcha a mí con un girasol en la mano alzada. Es a esta dirección donde surge la duda; comprendo que estamos en mi mundo, por ello se acerca, para no estar sola.

Ella lloró, muda y sus lágrimas se daban cual copos de nieve al piso.

El tallo del girasol se rindió; los veintiún pétalos caían uno a uno, restando fuerza al sol, menos ángulos. Hay ausencia porque el resplandor es dependiente de la voluntad y compañía. Ese astro tan solo seguía en pie por ella que giraba a sus luces.»

Se hizo la noche, desperté y lo adiviné como algo bueno.