E l A _ O R C _ D O - Mauricio Ramón

23.02.2021

Ganadores del concurso cuento corto- SAU


Fíjate que un día me di cuenta del juego. No sabía con quién jugaba, ni me intereso averiguarlo, creo que en el fondo siempre lo supe; me importaba más saber cómo había comenzado. Pensé en la Elena, me abandono y le había entregado todo, hasta mis ganas de quererla, era natural pensarla de primero, pero no, no era suficiente aún, me convencí ir más profundo, más atrás, allí donde en verdad me dolía; no había necesidad de recordarlo pues nunca lo había olvidado solo fingía que así era: Ramón, él se fue sin darse cuenta, sin darme tiempo de decirle nada, y me había estado tragando el dolor de no volverlo a ver para no pensarlo, hasta que termino por consumirme, quizás.

Pudo haber sido uno o lo otro, quizás más, ambos o ninguno, no lo supe decir, pero sí cual fue la primer letra que me falló. Ni Sonia, ni Carlos, tampoco Ricardo; ninguno estuvo allí cuando pensé que estarían, ni los culpo, yo mismo me odie después de llegar tan bajo. También me hubiera abandonado.

Habrán pasado 20 años ya. Tantos años, y tantas formas de percibir el juego; al principio todo fue un asunto de seguir andando, me pareció un juego curioso e inquietante, me molestaba la sola idea de que jugaban conmigo, pero con el tiempo los vi más, a ellos, a los demás, y me di cuenta que no era el único que jugaba; todos en su tan personalísima y única forma estaban jugando, algunos el mismo juego, otros, otros, unos ni siquiera se daban cuenta y otros hasta jugaban con el del prójimo; fue entonces cuando llegué a la etapa donde me instalaría gran parte de esos 20 tontos años, la de resignarme; ya sabía del juego, como se jugaba y en que terminaría, porque sí, era inevitable terminar el juego, así que me dediqué a andar por andar, sin saber por qué, pero andando con la esperanza de terminarlo; y ahora en esta etapa última, en la que todas mis ansias desean que en verdad sea la última.

Estoy cansado, agotado, fatigado, reventado, hastiado, harto, humillado, molido, aburrido, muy cansado, cansado, solo cansado. He andado suficiente ya, viví y trate de hacer lo mejor, en serio, traté, pero una vez tras otra volví a fallar, y son tantos los fallos que pierde caso enumerarlos, pero sí debes saber que cada uno fue un pasó al final. Cada letra errónea, cada acción llevada por el corazón y dejada por la razón, hizo algo; una me hizo tomar la soga de mi abuelo Foncho, la misma que uso mi bisabuelo antes de mí; otra me llevo construir un granero con una viga fuerte que me diera el soporte que nadie supo dar; otra me hizo escribir esto para dejar constancia de esta miserable odisea por aquí, por este mundo. Fue así, hasta que por fin, faltan solo dos letras para terminar este juego grosero, pero sé, y tú también, que fallaré esas letras, porqué nada sé de amar y menos de enmudecer, dos ausencias que te sentencian sin cabida a juicio ni apelación.

Tengo un pie aún el piso, pero la soga tan cerca del cuello y la vida tan lejos de acá. _ _ _ i r é. Me pregunto, ¿qué letras habrás puesto? ¿Qué habrás deseado tú? No importa, soy lo bastante egoísta para estar seguro de que falta poco; que subiré el otro pie sobre la silla; que pondré la soga en mi cuello y me dejaré caer en la inmensa gravedad; entonces encontrarás esto y sabrás que, al fin, habré ganado.