CUENTO- Ivi Cisneros

31.05.2020

EL SUEÑO DE HELLEN 


Por: Ivi Cisneros


«Los sentimientos son un reflejo de muchas personas en nosotros, pero también son los mismos que en este momento no podría sentir por ti».

Esa fue la frase que Helen le dijo a Carlos el último día que se vieron en el asilo de ancianos "Lark House". Varios meses después de esa despedida, él fallecería a causa de un derrame cerebral. Aquel fue un adiós que, como describiría Gustavo Cerati, tendría que ser motivo de crecimiento para cualquiera de los dos.

Esta no es la típica historia de amor donde los personajes terminan juntos, pero si es un recuento de cómo el «final feliz»prevaleció en ambos.

Carlos, quien provenía de una familia muy numerosa -tenía siete hermanos menores que él-, tuvo que vivir la pérdida de su madre cuando apenas contaba con 10 años de edad. Por esa razón, desde que era muy pequeño, y con la ayuda de su padre, le tocó contribuir en la crianza de cada uno de sus hermanos. Por su lado, Helen venía de una familia similar, pero con el detalle de que años más tarde no los recordaría en lo absoluto.

***

Carlos y Helen se conocieron muy jóvenes en un café de Buenos Aires y, a partir de ese momento, dieron inicio a un sinnúmero de encuentros literarios que con el paso de los años terminarían por convertirse en la rutina de amor de todos los miércoles en el hogar que juntos habían formado. Pero, más que eso, esos encuentros darían paso a una amistad perdurable.

Los años pasaron y la relación se adaptó a buenos y malos momentos, momentos en los que como fondo de película se escuchaban las tonadas de esas bandas argentinas que ambos disfrutaban desde muy jóvenes. Entretanto, había una conversación que se repetía día tras día.

-Hola, Helen ¿Estás bien conmigo? -preguntaba Carlos.

-Claro, sólo que no estoy bien conmigo misma -respondía ella.

Helen era una mujer llena de sueños y deseos que escondía en el más profundo rincón de su alma. La música era parte de su ser, por lo que todos los martes y jueves los dedicaba a componer. Ella consideraba esta actividad una especie de liberación para sí misma, mientras presentía que su vida como madre no estaba muy lejos.

Esos días se repetían semana tras semana, meses tras meses, años tras años y, cuando menos acordó, se había convertido en madre de cinco hijos. Sus hijos eran su mundo y, a la vez, la materialización de algunos de esos sueños y deseos que por tanto tiempo había ocultado en su corazón. Pero no todo estaba bien.

-Mamá ¿estás bien con nosotros? -preguntaban ellos.

-Por supuesto que sí, hijos, sólo que no estoy bien conmigo misma -respondía con un triste semblante.

***

Años después, específicamente un 8 de agosto de 1990, Helen se encontraba celebrando su cumpleaños número 50. En esa celebración la acompañaban; su esposo, sus hijos, sus nietos y demás familiares. Todos ellos festejaban su vida y agradecían su amor, consejos y detalles. No obstante, en su interior continuaba imperando la interrogante de su vida.

-¿Estoy bien conmigo misma?

Esa incertidumbre que había arrastrado por décadas finalmente se desvaneció cuando, a raíz de un accidente de tránsito, perdió la memoria. Hoy, a sus 80 años, Helen no recuerda nada de su pasado. Ni a su esposo, ni a sus hijos, tampoco a sus amigos o familiares, nada de eso sobrevive en su mente. Lo único que quedó son vestigios de las partituras de la música que componía, ese sueño que por años reprimió.

-Hola, Helen, soy Carlos. ¿Estás bien contigo misma?

-Hola. No te recuerdo por completo, pero sí, estoy bien conmigo misma.