CARTA PARA UNA ABUELA- Lilian Maldonado

23.02.2021

Ganadores del concurso cuento corto- SAU

¿Qué puedo decir de ti? Hay pocas cosas que sé y siento que todo lo que desconozco te hace ser mejor persona de lo que creo. De cierta manera, me parezco a ti en algunos aspectos. ¿Recuerdas aquel día en el que me viste y querías llorar? ¿O cuando entraste a mi habitación y sentías que todo se te venía encima, pero apretaste tus dientes para no llorar? Bueno, resulta ser que yo también quería llorar, pero apreté los dientes para no hacerlo.

No me cabe duda que has sufrido mucho, tu madre no supo cómo protegerte de su furia que cubría hacia a ti como una forma de cuidarte. Y sin saberlo, tú fuiste igual que ella con tus hijos, igual que aquellas espinas en tu espalda. Todavía te duelen ¿cierto? Qué daría yo por no verte así, qué daría yo por verte feliz. Pero cargas y cargas con todo aquello que no quieres soltar y al final solo te hace daño. Aquella tarde, cuando fui a tu casa, no te diste cuenta, pero reflejada estaba en tu memoria, la tristeza de aquellos llantos que nunca soltaste sino hasta tu completa soledad. Quizás no tengas el rostro depresivo, pero el alma sí.

Miras las flores que sembraste y suspiras como siempre lo haces, profundo, como si el aire no te alcanzara para llenarte, y luego lo sueltas todo, como si dejaras ir lo que te hace daño. Tus hijos se fueron, tus nietos se fueron y quizás ellos pueden dejarte, y de paso, llevar algo tuyo, porque cada uno arrancó pedazos de ese corazón al cual ya no le queda cuerpo. Pero lo que siembras con amor siempre se queda; y cuando volviste a tu casa después de tantos años, las flores crecieron de nuevo.

Es extraño ¿lo sabes? Cuando las personas sufren mucho pueden ver el alma de otros, a menos que prefieran herir porque están heridos. Aquella tarde, cuando fui a tu casa, yo vi tus ojos y estaban húmedos. Vi tus ojos y vi tu alma. Vi tus ojos y vi tu tristeza. Aunque no quería regresar a tu lugar, recordé que había una persona esperando a alguien que ya se ha ido, y recordé, también, que esa persona eras tú. Abrí la puerta y me encontré con tus ojos tristes y cansados de tanto llorar por las tardes, mientras encienden las luces de las habitaciones vacías que una vez fueron de tus hijos.

Quería escribir algo triste y misteriosamente pensé en ti. Pensé en las flores que crecieron cuando volviste. Y me di cuenta, que he estado ignorando, que siempre has ido por la vida cambiando tu soledad por una compañía, que siempre te has culpado y rezas todas las noches como si no merecieras el cielo cuando en realidad lo mereces todo; y nunca voy a entender, porqué cuando me miras lo haces como si tuviera heridas, me ves como si me estuvieses pidiendo perdón y aunque me volví herida, hace poco decidí ser sutura.

Te dije que me parezco a ti en algunos aspectos, ¿no? Qué difícil es ser fuerte antes las situaciones desastrosas de la vida, pero por lo menos, aunque te encuentres completamente destruido, vas a seguir adelante. Justo eres así y justo soy yo así.

¿Pero sabes qué es lo más extraño? Que no estabas sola en aquella casa; había otra persona allí y tú no podías verla. Y justo antes de irme, pude observar cómo se caía a pedazos, la socorrí, tratando de colocar sus piezas a donde pertenecen, pero volvió a romperse y tuve que quedarme ahí para recoger todos sus pedazos, sin éxito alguno. "No sanes tan rápido, cada herida lleva su tiempo" me dijo. No te lo había dicho, pero al igual que tú, yo tampoco quería volver a aquella casa. "Siento mucho que te hayan roto." Le respondí, dejando todos los pedazos en el suelo y seguí bajando las gradas.

"Adiós" Me dijiste, esperando que no me fuera. "Adiós" te dije, yéndome de tu casa.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces y es increíble que la vida de los días sea tan corta como un suspiro, que la duración de las noches sea tan pequeña como aquella esperanza de qué todo saldrá bien. Aunque todos se vayan y tu casa quede vacía, con aquellas paredes llenas de rajaduras y hoyos, de ese pálido color que entristece la luz de la sala, y aunque yo la recordaba más grande y tú la recordabas más alegre; sembraste flores cuando llegaste y ahora hasta un pequeño cactus ha crecido sobre las rocas de la entrada. El árbol de aguacates florea todo el tiempo y los mangos no se hacen esperar. Hay una rosa roja que sembró tu hijo y las hojas de orégano crecen con la lluvia. Aunque aquella casa la habites sola, sabes que las flores crecen cuando las tocas y cuando el viento las mueve ellas te cantan, cuando la lluvia regresa ellas son fuertes por ti, decididas a porfiar la raíz, para que no te vayas otra vez.

Ahora, a todo aquel que me pregunte por ti, a todos los labios que pronuncien tu corto y suave nombre, a todos aquellos que disfrazan su resentimiento con odio; yo les diré:

Ella volvió a su casa y las flores crecieron.